lunes, 29 de diciembre de 2014

El Silencio de las Sirenas

Museo del Hombre y la Mar, Península de la Magdalena | Santander

Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave

Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio.

En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canción.

Franz Kafka


Palacio de la Magdalena

Recinto de la Magdalena,  Santander

Palacio de la Magdalena