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viernes, 22 de febrero de 2013

Breve Sevilla


Sevilla es una torre 
llena de arqueros finos.

Sevilla para herir. 
Córdoba para morir.

Una ciudad que acecha 
largos ritmos,
y los enrosca
como laberintos.
Como tallos de parra
encendidos.

¡Sevilla para herir! 

Bajo el arco del cielo,
sobre su llano limpio,
dispara la constante
saeta de su río.

¡Córdoba para morir!

Y loca de horizonte,
mezcla en su vino
lo amargo de Don Juan
y lo perfecto de Dioniso.

Sevilla para herir.
¡Siempre Sevilla para herir!

Poema de la saeta: Federico García Lorca


Oro y palomas

A vista de pájaro

Vista al Guadalquivir

Sin título
1
Sin título

Monasterio de la Cartuja

Museo Arqueología

Perdido por las calles de Sevilla

Pabellón Mudejar

Torre del Oro

La Maestranza a vista de pájaro

La Maestranza

Giralda

Judería

Strange days

Sin título

Sin título

Tranvía o caballo

Sin título



martes, 11 de septiembre de 2012

Publicación en Schmap: Sevilla, La Maestranza

Schmap es una página web y aplicación para móviles, que combina información útil en viajes a nivel de mapas, fotos y reseñas. Para su publicación de La Maestranza de Sevilla, han seleccionado de mi galería la foto que presento a continuación.


La Maestranza a vista de pájaro
Plaza de Toros de La Maestranza 
La foto está tomada desde la Giralda, otro lugar mágico de la ciudad.  Aquí podrás ver la publicación en la web.


lunes, 10 de septiembre de 2012

Viviendo Marrakech


El nombre de la ciudad de Marrakech, proviene del bereber tamurt n Akkuc, o Tierra de Dios. Es una de las ciudades más importantes de Marruecos junto a Rabat, Meknes y Fez.

Lo primero que llama la atención del visitante es la mezcla de contrastes entre los verdes de sus vegetación, el azul de su cielo y el predominante rojo del entorno. No le falta motivo, para ser apodada la Medina Al-Ham’ra (o La Ciudad Roja).



Podemos separar la ciudad en dos grandes ambientes. Una zona moderna (denominada ville nouvelle), con lujosos hoteles, centros comerciales y areas residenciales que desde hace años se han ido nutriendo de extranjeros (expat). Y la zona antigua de la ciudad o Medina.

Por obvio, el encanto de Marrakech reside en su Medina. Solo bordear sus murallas a pie, te prepara para degustar lo que posteriormente descubrirás tras ellas.



Las murallas de la Medina es uno de los monumentos más característicos de la ciudad. Miden alrededor de 17 kms, pueden alcanzar los 10 metros de altura y un espesor de 2 metros. Su función es clara, defender a la ciudad de los ataques externos en el pasado.



Pero es cruzando sus muros, cuando los sentidos se disparan.

Retrocedemos en el tiempo varios siglos, y nos encontramos un mundo medieval. Con una mezcla de olores que nos es imposible deducir. Un combinado de esencias, agitado compuesto de especias, pieles, alimentos dorados al sol, madera tallada,  té, pescados, frutas, sudor y polvo que inunda nuestras fosas nasales, hasta llegar a marear.



Los ojos se llenan de color, avivados por la luz del sol. El rojo pondera en nuestra retina, aunque se mezcla con otras tonalidades. Llamativas alfombras penden en las paredes de las viviendas, alimentos que cubren toda gama cromática, verdes palmerales, ropajes típicos y miles de cachivaches que esperan colgados a un comprador generoso, le dan un bello contraste a la Ciudad Roja.



Un tumulto de gente de distintas edades se mueve de un lado a otro a nuestro alrededor, vehículos que colapsan las calles, motocicletas (más “cicletas” que motos) que nos bordean a milímetros, y taxis que haciendo slalom discurren entre personas, carros de caballos, bicis y demás vehículos. Todo ello embebido en una sinfonía de sonidos de claxon constantes y un bullicioso ruido de voces incomprensibles.



Comienzo del Viaje


A primera hora de la mañana recorremos la ville nouvelle y en breve ponemos rumbo a la Media. Lo primero que nos vamos a encontrar será la torre de la koutoubia. Nos cuentan en ese momento, que es gemela a la Giralda de Sevilla.



Por su belleza (y como excepción), se ha permitido el mantenerla dentro de la Medina. Donde inicialmente, ninguna construcción debe superar la altura de una palmera.




Es aquí donde nos encontramos con los primeros vendedores ambulantes. Que serán también, parte de nuestro paisaje dentro de la ciudad.


En Marrakech, todo está en venta y al mismo tiempo, nada es gratuito. Hay que tener cierta paciencia y llevar estoicamente, el que intenten cobrarte por casi todo.

Visitada las inmediaciones de la torre, y realizado el primer aporte a la economía ambulante, accedimos hasta la Pla de Jamaa el Fna (declarada Patrimonio Oral de la Humanidad en el 2011).



Nos situamos en una majestuosa plaza, no regular y pavimentada (antiguamente era de tierra rojiza).

A medida que van avanzando las horas, la plaza se va llenando de vendedores y artistas. Puedes entonces fotografiarte con serpientes, músicos, hacerte tatuajes de henna, o realizar compras poco comunes, como dentaduras, gafas de quinta mano o pociones naturales varias.




Al norte de la plaza, nos movemos dirección a los zocos o suks. Pequeños bazares donde iremos investigando las distintas secciones que nos encontramos en el camino.


Desde vestidos, venta de especias y remedios caseros, pieles, alfombras, babuchas, madera, lana, joyas, lamparas, todo tipo de exóticos alimentos, y un largo etcétera de productos artesanales. Buen momento, para empezar a degustar dulces típicos (que en Marrakech son una institución) e ir practicando el arte de la negociación.



Es recomendable salir de las zonas más turísticas, para vivir el día a día de la ciudad y de sus gentes.




Perderse por su laberinto de calles, disfrutar de las edificaciones (minaretes, cúpulas, mezquitas y sus mercados), observar a los artesanos que tallan sus trabajos en minúsculos talleres, panaderos, tintoreros, carniceros y joyeros.




A medida que cede el sol, se enciende la ciudad. Es entrada la tarde cuando volvemos a Jamaa el Fna y descubrimos la verdadera magia de la Medina.



La plaza poco a poco se va llenando de puestos de comida y tenderetes. Tendremos tiempo para descansar un rato, sentados en uno de los cafés que rodean a la plaza, donde seguimos el creciente espectáculo desde un palco de lujo.




Mientras saboreamos té local, la gente no para de llegar desde cada uno de los rincones de la plaza. Se paran en corros alrededor de variopintos espectáculos. Músicos bereberes, bailarines, cuentacuentos, juegos de serpientes y malabaristas. Se ilumina la plaza.



El humo inunda el ambiente con olores a comida tradicional que se cocina y se sirve a pie de mostrador. El barullo va aumentando hasta ser ensordecedor.






Suenan las flautas, bailan las serpientes y un anciano narra historias ancestrales. Entretanto, la gente se sienta a cenar frente a varias cabezas de animal cortadas, y puestas de forma elegantemente ordenada sobre la mesa.



Nuestros sentidos alcanzarán su éxtasis al anochecer. Nuevamente, sensación de mareo…


Regreso

Días después, tomamos el vuelo de vuelta desde el internacional Marrakech Menara con rumbo a Bilbao. Hay que decir, que uno siente cierto “alivio”. Salir de sus murallas, nos lleva de nuevo al presente.




Marrakech es una ciudad densa, intensa, una experiencia sensorial que te afectará tanto positiva como negativamente. Me ha costado poder enamorarme de ella.

Saturado de sus entremezclados e intensos olores, sus sabores (excesivos por momentos), del calor que condensa el ambiente y se pega a la piel, de la estridencia de los sonidos, del regatear con negociantes incansables, de cuchillos sin afilar, de Reales Madriles y Barcelonas, cachimbas de cristales coloreados, de la tristeza onírica que respiran sus calles estancadas en el tiempo, de rojos y polvo.


Sensaciones que una vez en casa y lejos de sus murallas, tardarán varios días en desaparecer.


Hoy después de todo, sigo deseando volver … a marearme.





Marrakech te ofrece una infinidad de actividades, ya sean culturales o de ocio. Museos, palacios, jardines, restaurantes, espectáculos bereberes, visitas al Atlas, el barrio de los curtidores, de los judíos, fiestas nocturnas, faltaran días para poder disfrutar de todo.








Visita mi galería en Flickr: Galería Marrakech